La imagen de los dinosaurios como grandes reptiles de piel escamosa es la más extendida y pese a que hace décadas que se conoce que su apariencia era otra, el imaginario popular siempre ha optado por jugar con el “impresionante lagarto gigante” en lugar de la “avestruz desmedida”. Nada más lejos de la realidad. Aunque existieron dinosaurios que no poseían plumas, la gran mayoría de ellos sí. Con el descubrimiento de Archaeopteryx, en 1864, se empezó a barajar la idea, considerándolo el eslabón perdido entre dinosaurios y aves. En la actualidad existen multitud de fósiles que demuestran la teoría. Así pues, cuando pensamos en ellos de este modo, no es difícil pensar que un ave actual como el casuario (en la imagen) pudiese ser perfectamente una especie evolucionada de aquellos animales que creímos tan lejanos, inverosímiles y distintos.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario