domingo, 30 de mayo de 2021

 




A continuación la segunda parte de esta aventura maravillosa


 A continuación una increíble reseña de estos magníficos e interesantes animales

Los majestuosos Dinosaurios

Descubierta una nueva extinción masiva originada por erupciones volcánicas

 

El fenómeno, producido hace unos 230 millones de años, provocó un pico de calentamiento que acabó desatando una enorme pérdida de biodiversidad, aunque allanó el camino al reinado de los dinosaurios y a la aparición de los primeros mamíferos.


Un equipo internacional de científicos ha identificado una nueva extinción masiva ocurrida hace unos 233 millones de años provocada por las erupciones volcánicas en la región de Wrangelia, situada en lo que hoy es Canadá. Los investigadores, cuyo estudio ha sido publicado recientemente en la revista Science Advances, han bautizado a este evento como Episodio Pluvial Carniense, pues alcanzaron su punto álgido en este período, en el que se expandieron los dinosaurios.

El equipo de 17 científicos dirigido por Jacopo Dal Corso de la Universidad de Geociencias de China en Wuhan y Mike Benton de la Facultad de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Bristol, revisó toda la evidencia geológica y paleontológica de todo este período para determinar qué había sucedido en este período en concreto. Su conclusión es que el evento masivo fuera causado probablemente por enormes erupciones volcánicas producidas en aquel entonces en la región de Wrangelia, situado en el oeste de lo que hoy es Canadá, donde los enormes volúmenes de basalto volcánico expulsados por la actividad volcánica acabaron dando forma a gran parte de la costa occidental de América del Norte.

“Hace unos años me encontraba estudiando la firma geoquímica de las erupciones e identifiqué algunos efectos masivos en la atmósfera en todo el mundo. Estos episodios alcanzaron tan magnitud que desprendieron grandes cantidades de gases de efecto invernadero, como por ejemplo dióxido de carbono, lo cual acabó provocando enormes picos de calentamiento en todo el planeta”, afirma Jacopo Dal Corso en un comunicado de la Universidad de Bristol.

Aquel calentamiento súbito se asoció con un aumento de las precipitaciones, un evento que ya había sido detectado en la década de 1980 por los geólogos Mike Simms y Alastair Ruffell y que se cree que duró aproximadamente 1 millón de años, del que se sospechaba que acabó desatando una gran pérdida de biodiversidad en todos los ecosistemas del planeta, tanto en los marinos como en los terrestres.

Aquel calentamiento súbito provocó una extinción masiva que allanó el camino hacia el reinado de los dinosaurios.

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Sin embargo, los cambios surgidos en el clima fomentaron el crecimiento de la vida vegetal y la expansión de los bosques de coníferas, que provocaron el surgimiento de nuevos ecosistemas.

Nuevas oportunidades para los supervivientes

"La nueva flora probablemente proporcionó una oportunidad a los reptiles herbívoros que sobrevivieron -afirma el profesor Mike Benton, de la Universidad de Bristol, involucrado en el estudio-. Sabemos que los dinosaurios se originaron unos 20 millones de años antes de este evento, pero siguieron siendo una rareza hasta que llegó el Episodio Pluvial de Carniense. Fueron las repentinas condiciones áridas después del episodio húmedo las que dieron a los dinosaurios su oportunidad", sentencia el experto.

El cataclismo dio lugar a la aparición de nuevos grupos de plantas y animales, entre ellos las primeras tortugas, cocodrilos, lagartos y mamíferos

Además de los dinosaurios, esta nueva era posibilitó que con el tiempo surgieran algunos nuevos grupos de plantas y animales, entre los que se cuentan las primeras tortugas, cocodrilos, lagartos y los primeros mamíferos, aparecidos en el período triásico, hace aproximadamente entre 252 a 201 millones de años.

Arrecifes de coral modernos

Del mismo modo, aquel evento acabaría marcando el surgimiento de los arrecifes de coral modernos, así como muchos de los grupos modernos de plancton, lo que sugiere cambios profundos en la química del océano y el ciclo de carbonatos.

Hasta ahora, los paleontólogos habían identificado cinco grandes extinciones masivas en los últimos 500 millones de años de la historia de la vida- afirma Dal Corso-, cada uno de los cuales tuvo un efecto profundo en la evolución de la Tierra y de la vida”, sentencia el experto. Este nuevo episodio recién documentado dio lugar a unas criaturas que dominaron la Tierra durante cientos de millones de años.



Crece rápido y muere joven: esto explica por qué predominaron los dinosaurios gigantes

 

Un tiranosaurio no pesaba más que unos kilos al nacer y era del tamaño de un perro, pero de adulto superaba con creces la tonelada y los 12 metros de longitud. Esta disparidad de cuerpos entre crías y adultos y el rápido crecimiento de los juveniles de megaterópodos, los dinosaurios carnívoros que pesaban más de mil kilos, pudo influir en la estructura y la baja diversidad de las comunidades de dinosaurios en general.


En los ecosistemas modernos, la mayoría de las especies son pequeñas porque necesitan menos energía para subsistir y dividir sus recursos. Esto permite una mayor diversidad que entre las especies más grandes ya que estas requieren una cantidad de alimentos mayor. Curiosamente, este patrón no se produjo entre los dinosaurios no aviarios, sino todo lo contrario.

“La mayoría de las especies de dinosaurios que conocemos son grandes”, recuerda a SINC Katlin Shroeder, investigadora en el departamento de Biología de la Universidad de Nuevo México en Estados Unidos. Junto a sus compañeras, la científica quiso entender por qué la composición de las comunidades de dinosaurios, en general poco diversos, contrastaba tanto con la de mamíferos modernos y prehistóricos, y por qué predominaban los dinosaurios más grandes.

Entre dinosaurios pequeños y gigantes, las autoras detectaron una ausencia de especies de carnívoros medianos, de entre cien y mil kilos

Para explicar esta tendencia, las paleontólogas realizaron la difícil y compleja tarea de recopilar y verificar la presencia de especies en todo el mundo a lo largo del Mesozoico, hace entre 250 y 65 millones de años. Para ello examinaron la distribución masiva global de dinosaurios de 43 comunidades diferentes en siete continentes que abarcan 136 millones de años y que incluyen más de 550 especies de estos animales.

Los resultados, publicados hoy en la revista Science, no solo explican por qué la diversidad de especies entre dinosaurios más pequeños fue menor que entre los grandes, sino también muestran las diferencias de distribución entre herbívoros y carnívoros. “Esto indica que hubo un impulsor ecológico local que influía en la diversidad de dinosaurios carnívoros”, indica Shroeder.

Aunque estos animales dominaron la Tierra hace 150 millones de años, los dinosaurios que pesaban menos de 60 kilos no eran muy diversos. Lo eran más los megaterópodos carnívoros, como el Tyrannosaurus rex, de más de 1.000 kilos y que podía alcanzar los 12 metros de longitud y los tres metros de altura. Además, entre estos animales pequeños y gigantes, las autoras detectaron una ausencia de especies de carnívoros medianos, de entre cien y mil kilos.

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Esta infografía muestra la brecha de los dinosaurios frente a los mamíferos carnívoros modernos más grandes de Kruger.

Esta infografía muestra la brecha de los dinosaurios frente a los mamíferos carnívoros modernos más grandes de Kruger.

Foto: Schroeder et al. / Science

Una brecha cubierta por los jóvenes

El equipo de investigadoras da varias explicaciones a esta inusual distribución que conllevó a una reducida diversidad. Primero, la puesta de huevos en los dinosaurios proporciona una serie de beneficios a las especies, “principalmente porque se gasta relativamente poca energía en la gestación y que el tamaño de las nidadas y de las crías puede ser mucho mayor que en los animales que se dan a luz vivos”, comenta Shroeder.

A esto se añade la diferencia de tamaño entre las crías, que pesaban menos de 15 kilos al eclosionar, y los adultos de megaterópodos, que superaban la tonelada. Esto puede ser beneficioso para dividir los recursos alimentarios en un entorno concreto ya que se reducía la competencia dentro de una misma especie. Este reparto de recursos a través del crecimiento se conoce como cambio de nicho ontogenético.

Así, al crecer rápido, los megaterópodos jóvenes predominaron en los nichos ecológicos que de otro modo hubieran podido estar disponibles para taxones medianos en la era mesozoica. Esto explicaría la ausencia en el registro fósil de los mesocarnívoros de tamaño medio. Pero esta brecha en la distribución fue más pequeña durante el Jurásico (hace 205 millones de años) que el Cretácico (hace 135 millones de años) y era inexistente cuando en las comunidades de dinosaurios no había megaterópodos.

Al crecer rápido, los megaterópodos jóvenes predominaron en los nichos ecológicos que de otro modo hubieran podido estar disponibles para taxones medianos en la era mesozoica

“Encontramos que los juveniles de megaterópodos representaban una mayor porción de la especie que los adultos, lo que indica que pudieron tener una influencia significativa en sus comunidades”, subraya la paleontóloga.

En el caso de los herbívoros, estos se vieron menos afectados por el cambio de nicho ontogenético. “Esto puede tener que ver con la forma en la que vivían: hay evidencia de que muchos dinosaurios herbívoros grandes vivían en grupos y, como comedores de plantas, es posible que hayan podido dividir sus recursos alimenticios verticalmente, con adultos grandes comiendo la parte superior de las plantas mientras que los más pequeños y los juveniles comían debajo”, detalla la investigadora.

Las paleontólogas concluyen así que el cambio de nicho ontogenético fue un factor importante en la generación de la estructura y diversidad de la comunidad de dinosaurios.


Reconstruyen el cerebro de uno de los primeros dinosaurios

 

El espécimen, datado en el Triásico tardío, contaba con un pequeño encéfalo del tamaño de un guisante. Las características anatómicas de estos pequeños depredadores indican que eran más inteligentes de lo que se pensaba, aunque no tenían una gran capacidad olfativa.

Un equipo de investigadores brasileños ha logrado reconstruir el cerebro de uno de los primeros dinosaurios que poblaron la Tierra. Se trata de Buriolestes schultzi, una pequeña criatura del Triásico tardío (hace entre 235 y 205 millones de años) que, según han descubierto, contaba con un encéfalo similar al de un cocodrilo. Los científicos han descubierto que estos pequeños seres tenían un tracto olfatorio alargado y sin embargo una glándula pituitaria relativamente pequeña además de un cerebelo bien desarrollado. Estos hallazgos sugieren que la criatura tenía capacidad de rastrear presas en movimiento, pero no con el olfato, que no tenía tan desarrollado, sino que probablemente se guiaba con la vista.

El conocimiento sobre la anatomía de los primeros dinosaurios ha aumentado significativamente durante los últimos años. Los científicos llevan varios años desvelando un promedio de 50 nuevas especies al año, un ritmo impensable hace décadas. Ello ha permitido recabar información valiosa gracias al uso de instrumentos de última generación, como escáneres médicos, aceleradores de partículas o análisis químicos de precisión que nos permiten saber cómo eran los colores de los huevosla pielsi tenían plumas o qué forma tenía el cerebro. Sin embargo, según apuntan los autores de este estudio publicado en la revista especializada Journals of Anatomy, las estructuras neuronales de estos animales prehistóricos (el cerebro, los nervios que contienen el laberinto óseo) seguían siendo un misterio para la comunidad científica.

La anatomía del interior del cráneo de este animal prehistórico es de gran utilidad, no solo para estudiar esta especie, sino para conocer rasgos distintivos de otras especies de dinosaurios, como los sauropodomorfos, un clado de dinosaurios herbívoros que incluye a los saurópodos, aquellos imponentes dinosaurios de cola y cuello largo que poblaron la Tierra hace entre 210 y 66 millones de años.



Hallada una nueva especie de dromeosaúrido

 

El espécimen fósil perteneció a una familia de dinosaurios con plumas cercano a la familia de los velociraptores que habitó en lo que hoy es América durante el Cretácico Tardío

El descubrimiento de una nueva especie de dromeosaúrido, una familia de carnívoros emplumados, generalmente de pequeño a mediano tamaño y que vivieron durante el período Cretáceo, se informa esta semana en la revista Scientific Reports. El fósil, descrito en el artículo titulado New Dromaeosaurid Dinosaur (Theropoda, Dromaeosauridae) from New Mexico and Biodiversity of Dromaeosaurids at the end of the Cretaceousañade una nueva pieza al complejo rompecabezas de la evolución de los dinosaurios durante el Cretácico Tardío, entre hace 70 y 68 millones de años.

De este modoSteven Jasinskidel Museo Estatal de Pennsylvania y sus colegas descubrieron 20 piezas esqueléticas identificables del nuevo dromeosaúrido en los depósitos de la Formación Ojo Alamo de la cuenca de San Juan, en Nuevo México, Estados Unidos. El dinosaurio ha sido nombrado Dineobellator notohesperus por la palabra Navajo "Diné" que hace referencia al mismo pueblo Navajo y la palabra latina "bellator" que significa guerrero.
Los autores informan una serie de características únicas, entre las que se encuentran unas vértebras cerca de la base de la cola que se curvan hacia dentro, lo que podría haber aumentado la agilidad de Dineobellator y mejorado su éxito de depredación. Los investigadores también especulan con la posibilidad de que una marcas halladas en la gran garra en forma de hoz del fósil se produjese durante un altercado con otro Dineobellator u otro terópodo como un Tyrannosaurus rex.
Los análisis filogenéticos (los cuales relacionan las especies entre si) sugieren que Dineobellator puede formar parte de la subfamilia Velociraptorinae, en la que se incluyen los velociraptores. Del mismo modo, se cree que los antepasados ​​de Dineobellator migraron de Asia a América del Norte, donde pudieron haber evolucionado hacia múltiples linajes, lo que podría explicar las diferencias en la morfología entre Dineobellator y otros dromaeosaurido

Los hallazgos, los cuales contribuyen al escaso registro fósil de dromaeosauridos, indican que esta familia todavía se estaba diversificando al final del período Cretácico antes de la extinción masiva que aniquiló a los dinosaurios no aviarios hace 65,5 millones de años.

plumas

 La imagen de los dinosaurios como grandes reptiles de piel escamosa es la más extendida y pese a que hace décadas que se conoce que su apariencia era otra, el imaginario popular siempre ha optado por jugar con el “impresionante lagarto gigante” en lugar de la “avestruz desmedida”. Nada más lejos de la realidad. Aunque existieron dinosaurios que no poseían plumas, la gran mayoría de ellos sí. Con el descubrimiento de Archaeopteryx, en 1864, se empezó a barajar la idea, considerándolo el eslabón perdido entre dinosaurios y aves. En la actualidad existen multitud de fósiles que demuestran la teoría. Así pues, cuando pensamos en ellos de este modo, no es difícil pensar que un ave actual como el casuario (en la imagen) pudiese ser perfectamente una especie evolucionada de aquellos animales que creímos tan lejanos, inverosímiles y distintos.





  A continuación la segunda parte de esta aventura maravillosa